martes, 3 de noviembre de 2015

                         CULTURA VIVA
                     CULTURA Y TURISMO
    RESEÑA HISTÓRICA Y PAISAJISTA DE                                       IPIALES.

Pese a que se creía que se venía de  los Quillacingas, investigadores y  acuciosos de estos tópicos,  aclaran que  se procede de los Pastos, en tierras que formaban parte de la cuenca de los ríos Mayo, Juanambú y Guáitara.  Los Pastos ocupaban el territorio que de sur a norte se  extendió de la Tuza (San Gabriel) en la República del Ecuador hasta Ancuya en Colombia.


ESTRUCTURA URBANA ACTUAL
Los primeros pobladores, los Protopastos, habitaron la región del callejón interandino en la meseta de Túquerres e Ipiales en  la  República de Colombia y la provincia del Carchi en el Ecuador, hace unos 1.000 años, según  los entendidos y que  en la época cuaternaria estuvo cubierto por una gran laguna.
El imperio de los Incas dentro de su afán  expansionista no únicamente hacia Chile, sino al norte, se encontró con una fortaleza natural, reforzada con la belicosidad de sus habitantes en el puente de Rumichaca, hacia 1480, razón por la cual, a los Pastos del norte ecuatoriano los dominaron, pero nunca pudieron con los aborígenes de la comarca.
Ipiales subsistía desde tiempos incognosibles como población indígena en el alto zona de Puenes y alto de las Cruces, dominada Piales y luego Ypiales, agrupación de bohíos de bahareque cubiertos de paja en un número no menor a  cien.

En 1538 a poco de la conquista, estas tierras eran jurisdicción del Obispado del  Cuzco y de la vicaría del Marqués Francisco Pizarro en los dominios de las provincias de Quito y Quillacinga.
En 1591, cédula del PARDO – Felipe Segundo se crearon los resguardos, cuyo objeto es preservar la mano de obra indígena, pero sin poder venderla  o adquirir más tierras.  Se entregaron los resguardos de Chalamag, Ipiales, Idcan, Inchuchala, Tatag, Quelúa, Igue, Nayalab, San Juan y Tulanquela.
Posteriormente, vienen diferentes formas de administración de estos territorios a través de la encomienda  y es hasta en 1580 que no había visos de fundación, ranchos y bohíos diseminados por ahí cerca, en el mejor sitio, la Iglesia  y el desmantelado convento o casa doctrinal, granjas y dehesas del encomendero y nada más.

En 1584, Don Pedro de Henao, cacique principal de Ipiales, Potosí, Males, Canjales y Puerres, viaja y ante el rey de España, Felipe II, consigue más de 23 cédulas reales, para así y sus indios Pastos entregados a la Real Audiencia de Quito y a la diócesis del Cuzco.
En 1590 se elige la cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Ipiales.  En 1593, se nombraron corregidores de indios, quienes recibían los tributos para la corona, que antes lo hacían los encomenderos.  Las encomiendas eran áreas asignadas a una comunidad indígena, bajo el mando de un cacique.
En 1615, Don Juan Caro, administrador del repartimiento de indígenas de Ipiales, informa al cabildo de Pasto, al reclamar su sueldo, que deja levantadas doce casas que forman el pueblo de Ipiales y en ellas veintitrés moradores a quienes distribuyó tierras de pan sembrar por mandato de la audiencia de Quito y una ermita. 


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                                     LAS LAJAS UN MILAGRO SOBRE EL ABISMO

 La maravillosa historia de Nuestra Señora de las Lajas


La historia de la Virgen de las Lajas se remonta a mediados del siglo XVIII. Sus protagonistas son la india María Mueses de Quiñones, descendiente de antiguos caciques y su pequeña hija Rosa, sordomuda de nacimiento. El lugar de los hechos se sitúa en los andes ecuatoriales a 2.600 metros de altitud, a media cuesta de una profunda quebrada sobre el río Guáitara, en el municipio de Ipiales, en el extremo sur de la actual Colombia, a diez kilómetros de la frontera con Ecuador.

Cierto día del año 1754 la india María dejó la entonces villa de San Pedro Mártir de Ipiales donde trabajaba, con la intención de visitar a sus parientes en el caserío de Potosí 1 a unas pocas leguas de distancia. Al descender por la ladera occidental del cerro Pastarán para cruzar el puente sobre el río Guáitara, se desató una terrible tempestad. A fin de resguardarse, corrió hacia la gran cueva natural que había a media cuesta, esperando que la lluvia pasara.
Temerosa por el torrencial aguacero, lo desolado de aquellos parajes y por la idea de que el demonio sojuzgaba el puente “para hacer presa de la infortunada persona que viajase sola, se angustió, lloró e invocó el auxilio de la Santísima Virgen del Rosario”,2 cuya devoción había aprendido de los padres dominicos, que desde hacía dos siglos evangelizaban dichas comarcas.
De pronto, siente que alguien le toca en la espalda. Asustada a más no poder, la intuitiva mujer no piensa sino en emprender veloz carrera, cruzar raudamente el puente y llegar sana y salva a Potosí.
¡Mamita, la mestiza me llama!
 LA INDIA MARÍA MUESES DE QUIÑONES APARICIÓN DE LA VIRGEN EN LA PIEDRA LLAMA LAJA.
Pasado el primer susto, unos días después, María emprende el regreso a Ipiales. Esta vez lo hace en compañía de su pequeña hija de cinco años llamada Rosa, sordomuda de nacimiento, a quien lleva en la espalda según la costumbre andina. Al llegar a la cueva del Pastarán, se detiene para descansar. La niña entonces se desliza suavemente de la madre y empieza a trepar por las lajas. De pronto María escucha que su hija le habla: “Mamita, vea a esta mestiza que se ha despeñado con un mesticito en los brazos y dos mestizos a los lados”.3 Desconcertada, no atina sino a coger a la niña y huir del lugar.
Al llegar a casa de la familia Torresano, sus antiguos patrones, cuenta lo ocurrido, pero no hay quien le crea. Atendidos los motivos que la llevaron a Ipiales, María vuelve a su pueblo. Pero a medida que se aproxima a la famosa cueva, los temores le comienzan a asaltar nuevamente. Al llegar a su entrada, se detuvo titubeante. Y con más fuerza la niña volvió a hablar: “¡Mamita, la mestiza me llama!” Nueva impresión, nueva carrera, nueva incógnita… ¿qué hay realmente en esa cueva?
Tan pronto como llegó a Potosí, contó lo ocurrido. La noticia corrió de boca en boca, los vecinos se congregaron en la casa de María, todos querían conocer directamente los pormenores del hecho. Mientras tanto, en medio del alboroto, Rosita desapareció. Apenas se dieron cuenta de la ausencia de la niña, se la buscó en vano por todas partes. ¿Adónde habría ido Rosa? No había otra explicación —las almas inocentes conservan una atracción irresistible por las cosas sobrenaturales—: la niña había acudido ciertamente al llamado de “la mestiza”. En Las Lajas como en Lourdes, un siglo después, en la gruta del Pastarán como en la de Massabielle, Rosita como Santa Bernardita, sintieron esa atracción irresistible. Hacia allá se trasladó también María en busca de su hija y allí se encontró con un maravilloso espectáculo: “Al llegar a la cueva vio sin sorpresa a su hija arrodillada a los pies de la Mestiza, jugando cariñosa y familiarmente con el rubio Mesticito” 4 que se había desprendido de los brazos de su Madre.
¡Qué escena más íntima y conmovedora! Sólo Dios es capaz de siquiera imaginar algo así.
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La visión había sido tan     extraordinaria que María dudó esta vez de contarla a los demás. Y este otro favor de la Virgen de las Lajas hubiera permanecido ignorado si un nuevo e impresionante suceso no lo hubiera tornado público.
Resurrección de la niña
Un tiempo después de lo ocurrido, Rosa cayó gravemente enferma y murió. La desconsolada madre, concibió entonces la idea de llevar el cuerpecito sin vida de su entrañable hija a los pies de la Señora del Pastarán, para recordarle las flores y velas con que la niña solía obsequiarla y pedirle encarecidamente que le restituyera la vida. Ante los ruegos insistentes y las copiosas lágrimas, ante la fe que no se doblega, la Virgen no resistió y obtuvo de su Divino Hijo la gracia de la resurrección de la pequeña Rosa. INGRESA A ESTE ENLACE....Exultante de alegría y agradecimiento, María Mueses de Quiñones se dirigió a Ipiales a golpear la puerta de la familia Torresano a quienes relató el nuevo prodigio. El testimonio es impresionante, la prueba es contundente, no queda más que avisar al Señor Cura. A pesar de lo avanzado de la noche, se organiza una comitiva encabezada por don Juan Torresano. El dominico Fray Gabriel de Villafuerte los recibe y procede al interrogatorio de rigor. Las campanas se echan al vuelo y la noticia se esparce por el pueblo: “¡La Virgen del Rosario se ha aparecido en las peñas del Pastarán! ¡La ha visto María Mueses de Quiñones! ¡Es hermosa y resplandeciente!” Pero el Señor Cura quiere cerciorarse de todo, aún no está totalmente convencido. Al día siguiente, bien de madrugada, una primera y concurrida peregrinación se da inicio en Ipiales. Es el 15 de setiembre de 1754, fiesta del Dulce Nombre de María. A las seis de la mañana, llegan a Las Lajas: “El milagro fulge ante sus ojos y ante su corazón. No es posible dudar: la Santísima Virgen ha sentado sus reales en las rocas del Pastarán”.5
La firma de Dios en la Creación
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El renombrado pensador católico Plinio Corrêa de Oliveira comentó en numerosas oportunidades la imagen de la Virgen de las Lajas. Admirado por sus sorprendentes características afirmó que era la firma de Dios en la Creación.
La figura impresa en la piedra laja representa a Nuestra Señora del Rosario, de pie sobre la media luna, llevando al Niño Jesús en el brazo izquierdo y el santo rosario en el derecho. A uno y otro lado, aparecen las figuras de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán. La roca mide 3,20 metros de alto por dos de ancho; y las imágenes abarcan una superficie de dos metros de alto por 1,20 de ancho.
A diferencia de otras advocaciones marianas, en Las Lajas no hubo testigos: se desconoce cómo es que se formó la imagen. Nadie se arrogó o se le atribuyó con fundamento su manufactura. No se puede señalar con exactitud desde cuándo está la imagen grabada en la inmensa laja. Como hemos visto, su hallazgo vino a corroborar la aparición.
Aunque a lo largo de los años no han faltado escépticos y detractores —hasta en las filas del clero—, que niegan la factura milagrosa de la imagen, éstos jamás han conseguido demostrar razonablemente un origen natural. La tesis tradicional, por el contrario, no apenas se mantiene en pie sino que cada día gana mayores adeptos. En años recientes, un grupo de geólogos alemanes visitó el Santuario de Las Lajas para efectuar diversas pruebas científicas.
Después de llegar a la conclusión de que no existía en la imagen el menor fragmento de pintura o pigmento de cualquier clase, perforaron minúsculos orificios en la laja, sólo para descubrir que la imagen y todos sus admirables colores ¡penetraban varios centímetros en la roca!
Colosal santuario sobre el aire
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La noticia del prodigio en la quebrada del Guáitara se difundió por todos los pueblos a la redonda con inusitada rapidez. A la primitiva ermita de madera y paja, pronto le sucedió en 1794 una capilla de cal y ladrillo. A mediados del siglo XIX se levantó un primer santuario que con el tiempo quedaría también pequeño para cobijar la gran afluencia de fieles especialmente en los días de fiesta.
Así, es en tiempos del gran Ezequiel Moreno Díaz, el santo obispo de Pasto, que surge la audaz idea de levantar un magnífico templo sobre el abismo. ¡El cielo es de los audaces! Y en 1899 el insigne pastor agustino descalzo secunda la idea por medio de una Carta Pastoral. Pero debido a la inestabilidad política del momento, recién el día 1º de enero de 1916 es colocada la primera piedra del actual santuario. Los trabajos recibieron durante 33 años el impulso de sucesivos capellanes, hasta su culminación en 1949. Su inauguración estuvo a cargo de Mons. Diego María Gómez Tamayo, arzobispo de Popayán, siendo párroco el Pbro. Justino C. Mejía y Mejía, pertinaz historiador de Las Lajas.
Por una gracia del Papa Pío XII, Nuestra Señora de las Lajas fue coronada canónicamente el 15 de setiembre de 1952, en una imponente celebración a la que asistieron casi todos los obispos de Colombia. En 1954, la Santa Sede concedió al santuario el título de Basílica Menor.
El testimonio de Gonzalo Suárez

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Entre los cientos de testimonios que atribuyen a la Virgen de las Lajas las gracias insignes que alcanzaron, está registrado uno de puño y letra del capitán colombiano Gonzalo Suárez, quien milagrosamente salvó de morir durante la Guerra de los Mil Días (1899-1902):
“El 9 de febrero [de 1901] a las 7 a.m. el suscrito cayó mortalmente herido recibiendo siete balazos en la cara, producidos por una descarga de escopetas y carramplones; uno de esos balazos vació el ojo derecho, otro le rompió el párpado del ojo izquierdo, dañándole la retina, y otro le voló la nariz.
A las tres de la tarde del mismo día 9 de febrero se me levantó del sitio donde había caído y se me condujo al lugar designado para incinerar los cadáveres de los muertos en combate. Como las heridas recibidas hubiéranme de causar la pérdida de los sentidos, y por lo tanto quedar privado, todos los curiosos y los médicos dedujeron, después de un breve examen, que era ya cadáver. Como yo conservaba el sentido del oído, oía palpablemente las órdenes para que se me quemara; hice esfuerzos para manifestarles que tenía vida, pero todo era en vano… hubo un momento de suprema ansiedad… se dio la última orden y ya no había remedio. En ese supremo instante invoqué el nombre de la Santísima Virgen del Santuario de Las Lajas; prometiéndole que si permitía que no me quemaran vivo, iría a pie desde donde estuviera a postrarme de hinojos a su presencia. Terminada esta súplica, se presenta una señora y pide a voz en cuello el cadáver del capitán Suárez. […] me hace conducir con mis soldados a su casa. Allí permanecí cuatro meses completamente ciego. Después el general Albán me hizo conducir a Panamá.
Los médicos […] declararon que estaba ciego de por vida. […] El 15 de agosto comulgué en la capilla del hospital de Santo Tomás y después de recibir este alimento espiritual, hice que la reverenda hermana Elena Fernández me regalara un pedazo de algodón, y con fe de un verdadero católico lo hice pasar por los ojos de una imagen de la Virgen del Rosario que se venera en dicho hospital. Todos los días y cada vez que sentía afección al ojo, me frotaba con el algodón. Grande fue mi reconocimiento a la Madre de Dios, cuando a los dos meses, el 18 de octubre, veía perfectamente con el ojo izquierdo. Los médicos que ya habían remendado el párpado se sorprendieron al convencerse de la realidad y sin embargo, ¡blasfemos!, dijeron que era obra de la casualidad.
Consignaré aquí un hecho de verdadera abnegación que solamente puede inspirarlo la Religión Católica.
Como dije antes, una bala me llevó a tierra la nariz. Pues bien, para poder pronunciar siquiera algunas palabras, había necesidad de hacerme una operación plástica. Por lo tanto se necesitaba tomar de otra persona la cantidad de carne suficiente para cubrirme el hueco. Esta persona tenía que ser del mismo color, estar robusta y sin enfermedad contagiosa y, por último, someterse a un verdadero martirio. No teniendo en ese lugar a mi madre, único ser que podía sacrificarse por mí, veía materialmente imposible la realización de la operación. Estando los médicos en consulta y al pie de mi cama, salió del grupo de ángeles que a mi lado se había formado, una Hermana de la Caridad y ofreció voluntariamente su brazo para que fuera cercenado y así los médicos pudieran darme nariz […].
La hermana que puso en práctica este rasgo de caridad cristiana se llama Elena Fernández. Vivió en Panamá y fue testigo del milagro que me hizo la Virgen.
A la Virgen de las Lajas le debo el poder de verla hoy, y a Ella y a sor Elena poder contar este prodigio.
Santuario de Las Lajas, agosto 26 de 1906”.6
El llamado de la Virgen de Las Lajas
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Hoy, transcurridos dos siglos y medio del descubrimiento de la imagen de la Virgen de las Lajas, en la profunda quebrada del río Guáitara, Nuestra Señora nos lanza a cada uno de nosotros un irresistible llamado. Es el mismo llamado que en 1917 formuló a los tres pastorcitos en Fátima. Un llamado a la oración, a la penitencia y a la enmienda de vida. Pero un llamado también a la confianza en la promesa de su triunfo.
En Las Lajas hay un milagro constante, un milagro palpable, un milagro indiscutible… Y una gran promesa de restauración del orden católico en un continente en el cual Dios quiso estampar su firma luego de la Creación.

CONOCE NUESTRO MUSEO 

                              

Santuario de las Lajas
El actual museo fue fundado el 16 de septimbre de 2002, aqui estan organizadas obras de arte, muebles, arnamentos religiosos, una coleccion de piesas precolombinas pertenecientes a los indigenas que habitaron esa region, libros y documentos alusivos a la aparicon de Nuestra Señora del Rosario en la piedra de peña de piedra lajas y proceso de construccion del santuario.

El museo esta dividido en tes secciones, en la primera se encuantran fotografias alusivas a la construccion del santuario y algunos retratos de obispos y sacerdotes que han hecho parte de la historia del templo, en la segunda se muestran diferentes imagenes pictoricas que ilustarn la aparicion de la virgen y otras pinturas de personajes civiles que formaron parte del proceso arquitectonico, y en la tercera estan lospasajes y vestigios de cultura indigena, como algunos de los artefactos utilizados por ellos en su epoca




https://www.youtube.com/watch?v=NORZRINmROU
                                                   
 ENCUENTRA EL RECORRIDO PARA VISITAR ESTE MARAVILLOSO SANTUARIO

CON SUS MARAVILLOSAS PINTURAS ENORGULLECEN LA CULTURA IPIALEÑA. 


CARNAVAL MULTICOLOR DE LA FRONTERA



"Por su autenticidad y colorido, constituye el espectáculo de mayor singularidad que pueblo alguno pueda ofrecer a sus visitantes. Festividad costumbrista, única en el país y quizá en el continente: ‘el tizne de negritos’ y el ‘juego popular de blancos’, se celebra en enero con cultura, frenesí y algarabía".

"Las carrozas, comparsas, disfraces, murgas y agrupaciones folclóricas son estampas autóctonas, originales y picarescas, artísticas y auténticas, con luminosa expresión folclórica y cultural, sabor tradicional y ancestro regional; matices multicolores donde el ingenio y la creatividad de sus expresiones plásticas corroboran el talento nariñense ¡viva el 5 y 6 de enero!" 

La festividad carnavalesca (no estrictamente carnestoléndica por no tratarse de una festividad previa a la cuaresma) es folclórica, autóctona, típica y tradicional. Prevalecen las muestras del folclor nariñense, bandas de música y grupos típicos, la renovación de estampas regionales, legendarias y universales; costumbres y tradiciones, mitos y leyendas, creaciones singulares con máscaras y un expresivo movimiento armonioso, además de masivos bailes.
Breve historia.

En 1926, se elige la reina de los estudiantes (de moda en la época); en los años 30, se inicia el juego del Carnaval en Ipiales (con base en lo ideado en Pasto); aquí se fusiona con las costumbres, tradiciones y medios artísticos locales, adquiriendo su autenticidad e identidad en la forma de ejecución y presentación, hecho que lo decanta y diferencia de los demás.
En 1935, se juega a los aguinaldos (en navidad), se intercambia comidas y dulces; se recuerdan los pingullos (flautas de viento) y el pan de maíz en las madrugadas; se juega a las “inocentadas” (palito en boca, beso robado, empanadas con sal). Se presentan disfraces individuales (payasos, en enero), y los 'jugadores' recorren la Calle Real, o La Pola, desde la 'plaza de abajo' hasta la de San Felipe Neri; en ocasiones se “visten” carruajes con flores, se lanza serpentinas, pétalos y perfumes; se pinta con carbón, ceniza de papel con manteca, o cosmético Melchor.

En los años 40, aparecen las cabalgatas de “las familias acomodadas”, que lanzan colaciones, monedas y serpentinas, los niños y jóvenes se “hacen estropear por recogerlas”,y el pueblo se divierte con la banda municipal, luego se baila en los clubes o en casas particulares, con orquesta o la victrola; para evitar este atropello (los pisotones), el 5 de enero de 1966, sale por primera vez la familia Ipial. En la década de los 70, proliferan en el 5 y 6 de enero, cuadros vivos, con vísceras, ensangrentados, máscaras de santo, disfraces en costales y escobas; alhucema en pistolas, puños de talco y brochas con pintura.
En 1975, la Casa de la Cultura participa con carrozas protesta e influye, como en los años 84 lo hicieron los estudiantes de artes plásticas, (usaron espuma, que ataca la piel y la vista). En 1976, se elige la primera reina del carnaval, aunque antes hubo soberanas del deporte, de los clubes o de grupos organizados. En 1979, circula la primera revista “Semblanza de los carnavales” de Ipiales - Nariño; en 1981, se inicia el carnavalito en el barrio El Gólgota; y se fundamenta en 1983, las bases de concurso, y el surgimiento de artistas, con interés por mejorar la fiesta; otro impulso dado fue en 1995 (por la organización del gremio), en el 2002 (se inician las capacitaciones), y el 2008 (con renovación de artistas).

Entre 1988 y 1992, el carnaval sufre una profunda crisis; por ello surge en el 1990, la primera Asociación de artesanos, y se presenta, el 21 y 23 de agosto (Diario del Sur) una protesta popular, con desfile incluido, por el no pago de premios y para salvarlo de su decadencia. En este año, se inicia el desfile de años viejos caseros del Sena a la urbanización La Frontera, asimilado en 1993, al programa oficial; fecha en que también se organiza el Carnaval de la Provincia con participación de alcaldes y primeras damas. En 1994, se apedrea la Alcaldía, por falta de orquestas.
En 1995, Ipiales se concientiza, y desaparece el carnaval del agua, “estúpida costumbre (…) que se conserva en Popayán, Mocoa, Pasto y otros pueblos”, Andrés Hurtado García;2 “Ipiales, es la excepción (…) ejemplo ecológico, para nariñenses, caucanos, ecuatorianos”, Bernardo Andrade Tapia.3 En este año (95), nuevos cultores del carnaval, incursionan en la presentación de carrozas, años viejos, comparsas, al igual que murgas. Desde esta época, se influye en escritos, foros, propuestas en radio, prensa, y se promueve el mejoramiento del Carnaval.4
Características y realizacion. 

Carroza, Carnaval Multicolor de la Frontera
El Carnaval Multicolor de la Frontera, es el evento más importante que se celebra cada comienzo de año, con características de identidad, creatividad y salvaguardia autóctonas.
A través de esta fiesta se identifican las creencias, resaltando los valores culturales locales y como la máxima expresión de cultura popular de Ipiales; evento dinamizador de la cultura, la economía y turismo de la región, que despierta el subconsciente colectivo. En su entorno aparecen simbolismos y se desprenden imaginarios colectivos que representan la razón de ser o sentir, pensar y actuar de la gente con una acción para cada día.

TAMBIÉN SE VIVE LA ENTADA DEL AÑO NUEVO.
Desfile de años viejos en Ipiales, Nariño, Colombia que tiene lugar cada año, todos los 31 de diciembre. (Video por Artur Coral-Folleco/New York)


La tradición de quemar los Años Viejos es muy antigua. Parece que llegó al continente suramericano desde Europa, junto con la venida de los conquistadores y empezó a adaptarse en algunos países latinos.

Según las fuentes antropólogas esta tradición ha sido desarrollada por los católicos españoles que entre el 700 y el 1400, durante la colonización de la Península Ibérica por los árabes, elaboraban monigotes para festejar el día de San José el 19 de marzo en Valencia.


En Colombia los Años Viejos son muñecos de trapo o de cartón, llenos de papel y pólvora. Las familias los construyen unos días antes de Navidad, los visten en ropa vieja mientas que los niños recogen el dinero para poder comprar la pólvora y llenarle la barriga al Año Viejo. Luego los colocan fuera de las casas, sentados en una silla junto con una botella de licor para que allí esperen su última hora, las 12 de la noche del 31 de diciembre.

Los materiales explosivos le dan un toque especial al ritual. El muñeco se quema en la calle, mostrando sus tripas de trapo, sesos de periódico y la sonrisa de la esponja ante la vista de todo el mundo. Sus restos quemados son el símbolo de que se fue todo lo malo del año pasado: la pobreza, la politiquería, la violencia, el terrorismo, el narcotráfico… Ewakulak .

Así son las fiestas de fin de año "Años Viejos" de mi pueblo de Ipiales, departamento de Nariño, Colombia. 

La elaboración del año viejo, es una vieja tradición de nuestro municipio que permite la unificación de la familia y se convierte en la oportunidad para la expresión y el desahogo.
El desfile de monigotes alusivos a personajes públicos o situaciones sociales, caricaturescas que mediante una respuesta satírica, crítica o irónica represente acciones positivas o negativas de hechos o personas destacadas o reconocidas en el año que termina.
El motivo del año viejo tradicionalmente se elabora en papel encolado, en cartón. Al año viejo, lo llora una viuda y se despide con un testamento. 


Originalmente, por la costumbre ancestral, el carnaval se celebra Inicialmente desde el 31 de diciembre, con el Desfile de los Años Viejos que consiste en poner sobre carrocerías, 
muñecos y representaciones simbólicas acerca de las vivencias, alegrías, tristezas y/o anécdotas de la región y el país, vividas en el año que termina, las cuales recorren la ciudad.

 En cada población del departamento se acostumbra a realizar este desfile. La costumbre dice además, que todas las familias y los grupos sociales que terminan sus actividades de año en esa fecha, elaboren un 'año viejo', un muñeco con ropa vieja, cartón o papel,
relleno de paja o aserrín, con máscaras de rostros humanos, y con frecuencia, con artefactos pirotécnicos, para ser quemados a la medianoche en las calles de las poblaciones.






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